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Mito de la Madre

"Los antiguos mitos tenían por función armonizar la mente y el cuerpo. La mente puede extraviarse por extraños caminos y querer cosas que el cuerpo no quiere. Los mitos y ritos fueron medios para poner la mente de acuerdo con el cuerpo, y el modo de la vida de acuerdo con el modo que dicta la naturaleza."
- Joseph Campbell

DEMETER DIOSA DE LOS CEREALES Y LA COSECHA

Diseño de Michel Koiter
  Perséfone (hija de Deméter) se encontraba lejos de su madre. Cierto día, acompañada de bonitas y graciosas ninfas, estaba cortando florecitas silvestres que crecían en las verdes laderas de Sicilia, de pronto, le llamó la atención poderosamente un narciso de un maravilloso colorido y fragancia tan exquisita que agradaba al cielo, la tierra y el mar –según cuenta el Himno Homérico a Deméter-. Perséfone se dispuso a cortar el narciso cuando la tierra se abrió y emergió Hades, el dios del Tártaro y el Abismo. Hades sujetó a la joven y la introdujo en sus dominios subterráneos.
Perséfone gritó para avisar a su madre. Su madre alcanzó a escuchar y sospechó que su hija había traspasado la frontera del abismo. Deméter comenzó a sentir un gran dolor en su corazón. Se negó a tomar el alimento y bebida de los dioses. Se quitó el tocado y partió en búsqueda de su hija. Recorrió montañas, cavernas, bosques, cruzó los ríos... Cuando llegaba la noche encendía dos antorchas para continuar la búsqueda en la oscuridad.

En el lago de Siracusa encontró el velo de Perséfone. Luego se encontró con la titánide Hécate que también había oído el grito de Perséfone y le explicó que la cabeza del raptor estaba cubierta de sombras oscuras. Deméter consulto con Helios (el dios sol), quién le confirmó que Hades había sido quién se llevó a Perséfone. Rápidamente toma un carro tirado por dos dragones, cruza el espacio y se presenta ante Zeus pidiendo justicia. Se niega a continuar viviendo en el Olimpo y exige la liberación de su hija.

Deméter toma la decisión de ingresar en el mundo como mortal, disfrazada de anciana. Cierto día mientras descansaba y reflexionaba acerca de su sufrimiento en un camino de la región de Eleusis, pasa por el lugar la hija del rey Celeo que gobernaba el Atica y le pregunta qué le ocurre. Deméter le cuenta que unos piratas la habían tomado prisionera y que luego la habían abandonado en las costas del Atica. Y le pidió a la joven trabajo en el palacio de su padre, ofreciéndose como nodriza, niñera o criada. La hija del rey intercedió ante su padre y Deméter consiguió un trabajo en la corte. Cuando Deméter se sintió amparada por el rey Celeo y los suyos pudo disminuir su sufrimiento. Una criada de nombre Yambe le alegraba los días con sus ocurrencias. El rey Celeo y su esposa Metanira tenían una gran preocupación y angustia por la salud de uno de sus hijos: Demofonte. El niño quedó bajo los cuidados de Deméter quién agradecida por la hospitalidad dada, sana a Demofonte. Le daba a beber ambrosia –el manjar con miel de los dioses-, lo coloca en su regazo, le entrega su aliento curativo y pretende hacerlo inmortal, inmune al dolor y a la misera humana. Para ello se toma el trabajo de purificarlo con fuego todas las noches. Cuando estaba ya prácticamente por lograrlo en uno de esos días, la madre del niño la sorprende y grita de miedo. Deméter en ese momento revela su verdadera identidad y enojada le grita a la madre: -Tú no sabes distinguir si el destino te está ofreciendo algo bueno o algo malo! Y como el plan de hacer inmortal a Demofonte fracasó, decide enseñarle al niño cómo atraerse el agradecimiento de los mortales. Demofonte aprendió todas las artes de la siembra, la siega y la recolección de los frutos. Además, Deméter, le regaló un carro con dos dragones para que pudiese viajar por todos los lugares del mundo para enseñar a los humanos técnicas especiales en el trabajo de la tierra, sembrar y producir los mejores frutos en total abundancia.

A todo esto, Zeus, comenzó a observar que los frutos se secaban y la tierra permanecía improductiva. Y es que Deméter se niega a bendecir la tierra mientras Perséfone no esté a su lado. Zeus entonces, se vió obligado a buscar un arbitraje ya que tenía el temor de que la raza humana se extinguiera. Comienza por enviar a Iris –el arco iris- para tratar de convencer a Deméter que regrese al Olimpo junto al resto de los dioses. No lo consigue. Tampoco lo logran los posteriores mensajeros. Por último decide enviar a Hermes –consumado mediador y árbitro- para que descienda al Tártaro y realice la negociación con Hades sobre la liberación de Perséfone. Hades no se opuso al pedido de Zeus pero hábilmente da de comer a su amada un grano del fruto del granado –que significa la unión indestructible- quedando por esto Perséfone ligada para siempre al dios del Tártaro. De todas formas se realiza la negociación: Perséfone pasaría un tercio del tiempo con Hades y el resto con su madre. Deméter, finalmente acepta lo establecido y queda solucionado el tema.


EN BUSQUEDA DE SIGNIFICADOS

Por razones de ordenamiento cósmico era necesario establecer la relación entre el olimpo, la tierra y el sub-mundo. Por esos momentos existía comunicación entre el olimpo y la tierra. Pero no existía la comunicación entre el olimpo y la tierra con el submundo.
Debido a una situación familiar delicada entre dioses, es que para poder cumplir con ese ordenamiento cósmico, Zeus se ve obligado a aprobar el rapto de Perséfone.
La situación se pone tan difícil por el accionar de Deméter que obliga a Zeus a realizar un arbitraje. El acuerdo se logra. Perséfones puede estar un tiempo con su madre y otro tiempo con su <enamorado>. Cuando Perséfone puede visitar a su madre, en la tierra comienza la primavera... cuando se encuentra en el submundo, comienza el invierno...
Se cumple entonces con el ordenamiento cósmico, estableciéndose para siempre la comunicación entre el cielo, la tierra y el infierno. Además queda determinado el ordenamiento de los ciclos de la vida: nacimiento-crecimiento-madurez-muerte.
Traeremos el mito de Deméter y Perséfone a la vida actual humana y daremos una de las tantas interpretaciones que el mito podría llegar a contener.
Al mismo tiempo, se puede comprobar el porqué de la necesidad de los mitos para la vida humana ya que los mitos cumplen con una elevada función pedagógica que, al dejarnos señales en el camino nos permiten prepararnos para atravesar las más diversas situaciones en la vida.

Habíamos comentado que se había establecido a raiz del rapto de Perséfone, el ordenamiento cósmico, el ordenamiento de los ciclos de la vida y con ello también el tema de las estaciones del año.
La primavera con sus brotes y el canto de los pájaros nos traen como una sensación interna que se manifiesta en deseos de vivir, en alegrías y renovadas esperanzas. Por eso es la estación de los jóvenes y de los estudiantes.
El verano genera una explosión de la naturaleza y nos invita a disfrutar con deleite.
El otoño nos brinda los frutos maduros y su recolección. La cosecha. Algunos le llaman la estación del alma.
Bellísimos coloridos tornasolados, la caída de las hojas, el sol emitiendo una tibia y acaramelada luz que va cediendo gradualmente, mientras que poco a poco se instala el Invierno.
El invierno, nos trae días más oscuros y temperaturas frías. La naturaleza misma impone un descanso: la mayor parte de los árboles quedan sin hojas, las plantas también. La vida queda latente en las raíces. Los pájaros emigran, los animales buscan refugios para pasar los meses fríos y nosotros los humanos ingresamos en una determinada quietud que nos invita a abrigarnos para protegernos del frío, permanecemos más tiempo en casa, nos dedicamos a trabajos propios del invierno en nuestro tiempo libre.
Así como las estaciones del año influyen en la naturaleza y en todo lo que vive, también en nuestro interior ocurren esas estaciones que representan nuestro ciclo humano: nacer-crecer-morir-renacer. Para todo hay un tiempo! Deméter es el mito que representa a la diosa madre. Representa el mito de la madre.
*Llegado a este punto, nos detenemos... concediendo un espacio a la reflexión. Aunque continuaremos con el Mito de Deméter en próximo tiempo.




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